Crianza

Él tiene su ritmo

29/03/2016

Mi hijo Karlos tiene su ritmo, como todos los niños del Mundo.

Es muy gratificante ver que he sido capaz de acompañar a mi hijo en su proceso de socialización sin empujar, sin proponer, sin incitar o simplemente invitar a que hiciera algo que, por alguna razón, no estaba listo.

Cada vez que veníamos a Sevilla, Karlos quería ir al parque que hay al lado de casa de su tío Jose, y decía; – bueno si hay muchos niños no, vale.

Os podéis imaginar cuantas cosas se me pasaban por la cabeza…… ¿quieres jugar con esos niños? ¿te apetece que te acompañe? ¿qué te gustaría?…..si todo está bien cariño y… todas esas cosas.

La verdad es que cuando empecé a entender sobre creencias, ahí me di cuenta de lo importante que era que “yo” me gestionara lo que veía y juzgaba afuera sin que Karlos viviera eso como una limitación y se convirtiera en una creencia limitante, por que “su mamá creía” que “tenia que comportarse de una manera u otra”, mas aceptada en nuestra sociedad.

Este proceso me ha hecho verme, observarme y sobre todo entender que “él tiene su ritmo” que es autentico tal y como es, que en su interior solo está él y que ¿quien soy yo para decirle lo que tiene o quiere hacer en cada momento?

A Karlos le encanta jugar al futbol y en cada ocasión se organizaban paridos con niños del parque y como a Dani y a mi cuñado Jose también les gusta jugar se juntaban para que casi todos los niños que pasaran les apeteciera jugar.

En todo este tiempo yo observaba a Karlos en la distancia, sostenía, acompañaba con todo el amor que podía, porque había veces que dudaba si era lo mejor para él, cuando eso me pasaba me hacía la pregunta  ¿Es lo mejor para mí o para él? y así me venía la claridad. La intuición de que lo que estaba haciendo era lo importante para mi hijo y no para mi.

Para dejar de juzgar lo que veía, empecé a describir con pelos y señales, cosas como; -veo como corre y se encoge de hombros o -ahora va hacia su padre para esconderse porque debe de sentir vergüenza, etc… y eso me llevaba la atención a otro sitio, y así he podido atravesar esa sensación.

En esta ocasión después del tiempo, y a su ritmo, él se ha sentido a gusto con muchos niños, se ha sentido integrado, disfrutando y jugando con cada uno de ellos como si fueran sus dos mejores amigos de Ojo de agua y con toda la facilidad de encontrar dentro de él “su momento adecuado” no el mío, ni el de la sociedad sino el suyo, el momento que le acompañará, seguramente, para el resto de sus experiencias.

Con esto me gustaría compartir que yo de “perfecta” no tengo nada, porque ha sido todo un proceso para mí y ahora sé que dándoles su tiempo, sea cual sea, la sensación de libertad la sentimos los dos, él y yo.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS Karlos por enseñarme a verme a través de ti.

 

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