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La lluvia, una maravilla.

26/09/2014

Por fin estamos disfrutando de la lluvia. Que maravilla llegar a ojo de agua y ver como los árboles están llenos de agua y las escaleras de piedra hacen de cascada natural, mientras los niños disfrutan con alegría de la lluvia y se permiten salir a mojarse enteritos.

La libertad de mojarse y conectarse con la naturaleza en estado puro, con ese regalo del cielo y descargándolo encima de nosotros y así entrar en esa sensación maravillosa.

Disfrutar de las gotas, de los charcos, de empaparnos y después secarnos. Tomar algo calentito con tanto amor que nos devuelve una parte de nuestra infancia, eso solo nos lo acercan nuestros hijos, nuestros hijos que están dispuestos a disfrutar el momento y a enseñarnos que mojarse es igual que tomar el sol y que ahí hay un aprendizaje profundo de conexión con el cambio de estación y con la regulación con el exterior.

Esto es vida y amor ,empiezo a verbalizar, de la sensación maravillosa que me inunda al ver la cantidad de agua que no me deja ver delante de mí.

Que alegría, que limpieza, que olores nos trae el agua, con esa mezcla de hierbas del campo, los pinos frescos, que te invitan a hacerte una infusión de olores silvestres.

Me hace recordar una cosa que me contaba mi madre.

Un día, yo tendría unos 3 años, estábamos en casa de mi abuela Carmen, mi madre me empezó a buscar por toda la casa y no me encontraban y de pronto oyeron una vocecita que cantaba….

-Me estoy duchandooo, me estoy duchando… Era “yo” en la puerta de la calle con una botella de gel aprovechando la gran lluvia que esa tarde nos regaló el cielo.

Ese momento lo recuerdo a veces, sobre todo cuando veo a niños que quieren jugar en los charcos, chapotear, mancharse, o simplemente mojarse enteros y de pronto oigo a las madres que les dicen:

-No, cariño que te constipas, o algo peor. Estamos tan desconectados pensando que un niño o un adulto se puede enfermar por mojarse que me viene a la cabeza una mujer maravillosa que conocí hace unos años en un Biocultura. Ella decía que cuando llovía se salía a la calle con sus hijas a sentir el agua, a limpiarse, a sanarse y sobre todo a disfrutar de la naturaleza y que nunca se ponían malas. Eso me hace recapacitar una y otra vez, sobre la conexión que traemos por naturaleza y que vamos olvidando con los años o nos han hecho olvidar.

OS INVITO A QUE PROBÉIS A DISFRUTAR UNA TARDE LLUVIOSA CON VUESTROS HIJOS BAJO LA LLUVIA Y SIN PARAGUAS, CLARO. YA ME CONTARÉIS.

Gracias, gracias, gracias por leerme.

 

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