Testimonios

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  • Immamamá 24/09/2014 at 06:17

    Conocí a Raquel en mayo del 2010, en la clase de preparación al parto que daba el Hospital Acuario. Yo estaba a unas tres semanas de dar a luz. Me gustó la clase de meditación, las vocalizaciones, sus consejos,… sentí que conectaba mucho con ella y decidí trabajar de manera más intensa las vocalizaciones, en sesiones individuales.
    Poco a poco se fue estableciendo una relación muy especial entre nosotras. Luego, acordamos que ella viniera cuando empezaran las contracciones, para que me ayudara a sobrellevarlas (y también pensé que ella me ayudaría a darme cuenta de si estaba en pre-parto o no) y decidimos que ella me trasladaría a Acuario, para no tener que ir en taxi. Pero en un momento dado tuve la intuición de que la quería también durante el parto. Lo comenté con mi marido y él me dio su apoyo total (algo por lo que le estoy muy agradecida), aunque el pobre al principio no tenía muy claro por qué querría yo una tercera persona en “nuestro” parto. Todo esto lo acordamos ya antes de salir de cuentas.
    El viernes día 4 de junio por la tarde/noche empecé a tener como dolores, a ratos, muy parecidos al de una regla. El sábado al levantarme el dolor era ya “fijo”. Sobre las 10am empezó más un dolor tipo contracción, que incrementaba la intensidad y luego reducía. Intenté cronometrar y parecía que eran cada 2 o 3 minutos.
    Llamé a Raquel y le dije que se viniera al cabo de un rato, pues las contracciones aún no eran muy fuertes. Cuando llegó, sobre las 12 o así me dijo “esto no es un preparto, tú tienes ritmo ya”. Así que nos fuimos para Acuario. Estaba la comadrona Cari de turno. Me hizo un tacto y me dijo “estas justo al principio, se ha borrado el cuello del útero y has dilatado 1 o 2 centímetros”. Creo que lo de 2 cm lo dijo por caridad, para que no me desanimara, pero por la cara que ella ponía estoy segura de que apenas había dilatado más de 1 cm! :O Sin embargo me dejaron quedarme, me dieron habitación y allí seguí el trabajo de dilatación. Con el monitor dijeron que las contracciones venían cada 5 min., parece que se habían espaciado un poco con respecto a las de casa…?!
    El trabajo de parto fue duro y doloroso. Eso sí, era lo que yo quería y lo asumí con la mayor entereza posible. Pero había muchos ratos en los que realmente pensaba “a mi quien c0ny0 me manda meterme en esta aventura!”, “Una vez y no más, Santo Tomás””, y otras perlas por el estilo!
    En ese vaivén emocional, la presencia de Raquel, sus consejos, las sugerencias para adoptar ciertas posturas, para acompañarme en la respiración, las vocalizaciones, su ayuda, sus masajes, su seguimiento… NO TENÍAN PRECIO. Sobretodo el saber que ella “estaba” allí, que no estábamos solos. Mi marido le está tan agradecido como yo, pues ella fue continuamente enseñándole como y donde masajearme, que hacer para ayudarme a sentirme mejor, por donde agarrarme… y eso, definitivamente, le hizo sentirse muy seguro y mucho más útil. Empezó a entender, por fin, porqué “la loca” de su mujer quería a una tercera persona en ese acto tan íntimo como es dar a luz.
    No conseguí evadirme mucho del dolor, pero lo que si fue muy importante fue el conseguir descansar al máximo entre contracción y contracción, también obra y gracia de Raquel (a veces incluso me dormí por uno o dos minutos!). Y el “enfrentarme” a las contracciones, no con miedo o pensado “oh Dios mío, ahí viene otraaaa!” sino más bien casi retándola: “venga, ven, ven… una menos que me quedará!”. Eso era lo que nos decía Enrique Lebrero durante el curso de preparación al parto, y me fue también de gran ayuda.
    En un momento dado me dijeron que podía bajar al paritorio y meterme en la bañera. Eso sonaba como música para mis oídos y realmente fue muy bien. Las contracciones me dolían casi como antes, pero entre contracción y contracción la relajación era alucinante y me ayudó a conservar/recuperar energía.
    Ya estando en la bañera me dieron como ganas de empujar. No fue tan intensa como esa sensación física que a veces describen, pero si noté claramente un “instinto” de empujar. Yo no me lo creía, pues pensaba que aún me quedaban muchas horas de parto por delante (en realidad yo pensaba que eran las 4 o las 5 de la tarde, pero ya serían como las 8pm!). Así que cuando me confirmaron que el expulsivo había empezado me daba con un canto en los dientes! 😀 Esa fue realmente una sorpresa muy muy agradable! Ole ole ole!!! 😀 😀 😀 Aún no había roto aguas, y en ese momento con los primeros pujos salió un poco de la bolsa que Enrique y las comadronas nos animaron (a mi marido y a mí) a tocar: se notaba como un globito que salía.
    Seguí empujando en la bañera, pero no podía hacer suficiente fuerza, así que me sacaron para que continuara pujando fuera. Me senté en un banquito de partos, bajito, con mi marido sujetándome por atrás. La primera parte del expulsivo fue muy lenta. Se me hizo eterna y me parecía que no avanzaba (luego supe por qué!). Y cometía el típico error de principiante: hacer fuerza en la garganta en lugar de empujar por abajo ;( Hasta que me cogí los tobillos con las manos y eso me ayudó a concentrar la fuerza de cintura para abajo!
    En cambio, desde que empezó a coronar la cabecita eso fue muy rápido y mejor de lo que esperaba. Yo pensé: ahora viene cuando escuece a morir, etc. Pero en mi caso no fue para tanto (ole para los masajes de periné que aprendí en el taller de “Suelo Pélvico”, que ofreció un fin de semana una comadrona, por supuesto organizado por Raquel: D y que yo creo que ayudaron mucho!!!).
    Desde que coronó hasta que salió fue tan rápido que no me lo creía!!! 🙂
    A partir de ahí el protocolo fue el habitual de un parto natural y respetado: me lo pusieron encima y empezó a mamar enseguida. Que emoción! Antes de marcharse Enrique me dijo: nos has dado una sorpresa, pues no las teníamos todas con nosotros! Al día siguiente me contó que durante el parto había habido dos problemas potenciales: nuestro bebé estaba muy arriba y parecía que no bajaba al ritmo que tocaba y… las aguas venían muy sucias (Raquel dice que son las más oscuras que ha visto nunca!). Así que empezaron a plantearse una cesárea, llamaron al pediatra y empezaron a monitorizarme casi continuamente. Constataron que no había sufrimiento fetal y al sacarme de la bañera vieron que el niño bajaba, despacito, pero bajaba, y decidieron dejarnos a los dos hacer nuestro trabajo de manera natural…. Y lo hicimos!!!!!! Gracias Kàssakku!!! 😀 😀 😀 😀 😀

    Fue un parto sin desgarro ni episiotomía (ole de nuevo para los masajes perineales!!!!). Solo me dieron unos puntos superficiales en la parte exterior de los labios, donde se había levantado un poco la piel. En palabras de Enrique, eran puntos “puramente estéticos”. Pero a mí me dolieron durante bastante tiempo, o eso me parecía, pues Enrique me dijo que el dolor no podía ser de los puntos sino “agujetas” del esfuerzo del parto (que no me extraña, pues aprietas con músculos que ni sabes que existen!). Hasta dos semanas después del parto me costaba estar más de 10 minutos sentada en una silla.
    La verdad es que yo subestimé claramente el post-parto, lo que puede doler y lo “machacada” que te quedas. Ahí, de nuevo, Raquel fue esa “hada madrina” que se presenta a media mañana en tu casa, y que no te compone una carroza a partir de una calabaza, sino algo muchísimo mejor: te trae esa sopa de calabaza y legumbres que te reconstituye de los pies a la cabeza, y te deja un “tupper” con más comida congelada, siempre nutritiva, para ir sacando en las próximas horas. Los servicios “postparto” con Raquel deberían de estar financiados por la Seguridad Social.
    Y hasta aquí el relato de mi parto. No fue algo “placentero” en sí mismo. Lo que yo entiendo por disfrutar es una buena tapa de pescaíto frito con una cerveza frente al mar 🙂 no las dichosas contracciones! Pero sí tuve en todo momento la sensación de que estaba en el lugar adecuado con el equipo adecuado (un equipo maravilloso!) y que parir de manera natural era lo que yo quería, y eso sí que fue un motivo de satisfacción enorme. Y tener a Raquel allí con nosotros, acompañándonos, fue decisivo. No me imagino mi parto sin ella.
    Mi parto y el trabajo de Raquel me impresionaron tanto que despertaron en mí una sensibilidad especial por este mundo, que pronto se convirtió en una gran pasión. Finalmente, más de cuatro años después de todo aquello, estoy cursando un posgrado como educadora perinatal y doula. Y sé que mi misión en esta vida es trabajar en este terreno, ayudando a mejorar el modo en que damos a luz.
    Mamás del mundo: en lugar de llenaros de cachivaches que a menudo no se usan, incluid en la “Lista de nacimiento” unos cuantos “vales” para poderos pagar una doula antes-durante-después de vuestro parto. Ese SI es un regalo del que no os arrepentiréis nunca!!!
    Immamamá.

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